domingo, 21 de octubre de 2018

Debut coreano y batacazo




Entre las novedades que se producían en la Copa del Mundo efectuada en 1966 con sede en Inglaterra estaba el debut de Corea del Norte, primer país asiático en llegar a la ronda final de un Mundial. El tema cobraba mayor notoriedad por mezclarse la cuestión con asuntos políticos y sociales ya que hacía poco más de una década se había desarrollado la Guerra de Corea, en dicha ocasión Estados Unidos apoyó a Corea del Sur con Inglaterra como aliado. Por ello el país asiático y el estado anfitrión de la Copa no mantenían relaciones diplomáticas. La delegación coreana llegaba a las islas británicas rodeada de un aroma hermético y misterioso producto de lo desconocido que resultaba el régimen comunista en la nación oriental en plena época de la llamada “Guerra Fría”. Los visitantes fueron recibidos con frialdad y, previamente, hasta se habían puesto en duda el izado de su
 bandera y la ejecución de su himno nacional en los estadios.
El equipo coreano era serio candidato a ser vencido cómodamente por sus rivales pero la presunción no se cumplió y, en vez de ello, la selección oriental produzco sorpresa y se calzó el papel de revelación y hacedora de una hazaña. Hasta ese momento el plantel no tenía roce internacional y era totalmente amateur, un combinado integrado por militares que fueron elegidos a discreción por el jefe de estado de su país. Los jugadores tomaron muy presentes las palabras de su líder: "No sólo van a competir como deportistas, sino como embajadores del comunismo y de Asia. Las naciones europeas y americanas dominan el mundo del fútbol; como representantes de las regiones de África y Asia (no participó ningún país africano), como gente de color, os pido que ganéis uno o dos partidos”, les dijo Kim Il Sung.
Corea del Norte compartió el grupo D con Unión Soviética, Chile e Italia. El primer cotejo pareció dar la razón a las suposiciones previas ya que los coreanos cayeron con una goleada sin atenuantes de 3-0 Ante la Unión Soviética. Luego vino un atisbo de asombro cuando lograron un empate con Chile, fue 1-1. Y, a partir de allí, la sensación: los orientales vencieron a la poderosa Italia por 1-0 y pasaban a cuartos de final. Tal fue la sorpresa que ni los propios norcoreanos se la imaginaban, basta con decir que debieron cambiar sus pasajes de regreso a su país por otros que los llevaran a Liverpool para disputar la siguiente instancia, tampoco tenían alojamiento reservado y debieron quedarse en un establecimiento religioso porque las plazas de los hoteles estaban totalmente ocupadas.
La inesperada situación hizo que se intentara “manchar” al conjunto asiático: desde las huestes italianas se sospechara de fraude al considerar que en el entretiempo del partido los norcoreanos habían cambiado a todos los futbolistas para estar frescos y seguir explotando su velocidad debido a que no se los podía individualizar por su gran parecido físico. Demás está decir que estas acusaciones nunca quedaron demostradas.
En cuartos de final se enfrentaban los dos debutantes que causaban sensación en el torneo. El rival de Corea del Norte era Portugal, que de la mano de Eusebio también daba que hablar. Fue un partido increíble. Comenzaron ganando los asiáticos por 3-0 pero antes de finalizar el primer período la figura portuguesa –“La Pantera Negra de Mozambique”, como se lo apodaba al artillero al que se comparaba en aquellos tiempos con Pelé- convirtió dos tantos y el tanteador ya estaba 3-2. En la segunda etapa hubo tres goles más del equipo europeo, dos de Eusebio y uno de José Augusto, por lo que Corea del Norte quedaba eliminada y Portugal arribaba a semifinales.
Corea del Norte quedó eliminada, pero sus jugadores regresaron como héroes. Los “Chollimas”, sobrenombre surgido por denominarse así un mítico pájaro asiático, se rodearon de gloria.

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