Entre las novedades que se producían en la Copa
del Mundo efectuada en 1966 con sede en Inglaterra estaba el debut de Corea del
Norte, primer país asiático en llegar a la ronda final de un Mundial. El tema
cobraba mayor notoriedad por mezclarse la cuestión con asuntos políticos y
sociales ya que hacía poco más de una década se había desarrollado la Guerra de
Corea, en dicha ocasión Estados Unidos apoyó a Corea del Sur con Inglaterra
como aliado. Por ello el país asiático y el estado anfitrión de la Copa no
mantenían relaciones diplomáticas. La delegación coreana llegaba a las islas
británicas rodeada de un aroma hermético y misterioso producto de lo
desconocido que resultaba el régimen comunista en la nación oriental en plena
época de la llamada “Guerra Fría”. Los visitantes fueron recibidos con frialdad
y, previamente, hasta se habían puesto en duda el izado de su
bandera y la ejecución
de su himno nacional en los estadios.
El equipo coreano era
serio candidato a ser vencido cómodamente por sus rivales pero la presunción no
se cumplió y, en vez de ello, la selección oriental produzco sorpresa y se
calzó el papel de revelación y hacedora de una hazaña. Hasta ese momento el
plantel no tenía roce internacional y era totalmente amateur, un combinado
integrado por militares que fueron elegidos a discreción por el jefe de estado
de su país. Los jugadores tomaron muy presentes las palabras de su
líder: "No sólo van a competir como deportistas, sino como
embajadores del comunismo y de Asia. Las naciones europeas y americanas dominan
el mundo del fútbol; como representantes de las regiones de África y
Asia (no participó ningún país africano), como gente de color, os pido que
ganéis uno o dos partidos”, les dijo Kim Il Sung.
Corea del Norte
compartió el grupo D con Unión Soviética, Chile e Italia. El primer cotejo
pareció dar la razón a las suposiciones previas ya que los coreanos cayeron con
una goleada sin atenuantes de 3-0 Ante la Unión Soviética. Luego vino un atisbo
de asombro cuando lograron un empate con Chile, fue 1-1. Y, a partir de allí,
la sensación: los orientales vencieron a la poderosa Italia por 1-0 y pasaban a
cuartos de final. Tal fue la sorpresa que ni los propios norcoreanos se la
imaginaban, basta con decir que debieron cambiar sus pasajes de regreso a su
país por otros que los llevaran a Liverpool para disputar la siguiente
instancia, tampoco tenían alojamiento reservado y debieron quedarse en un
establecimiento religioso porque las plazas de los hoteles estaban totalmente
ocupadas.
La inesperada situación
hizo que se intentara “manchar” al conjunto asiático: desde las huestes
italianas se sospechara de fraude al considerar que en el entretiempo del
partido los norcoreanos habían cambiado a todos los futbolistas para
estar frescos y seguir explotando su velocidad debido a que no se los podía
individualizar por su gran parecido físico. Demás está decir que estas
acusaciones nunca quedaron demostradas.
En cuartos de final se
enfrentaban los dos debutantes que causaban sensación en el torneo. El rival de
Corea del Norte era Portugal, que de la mano de Eusebio también daba que
hablar. Fue un partido increíble. Comenzaron ganando los asiáticos por 3-0 pero
antes de finalizar el primer período la figura portuguesa –“La Pantera Negra de
Mozambique”, como se lo apodaba al artillero al que se comparaba en aquellos
tiempos con Pelé- convirtió dos tantos y el tanteador ya estaba 3-2. En la
segunda etapa hubo tres goles más del equipo europeo, dos de Eusebio y uno de
José Augusto, por lo que Corea del Norte quedaba eliminada y Portugal arribaba
a semifinales.
Corea del Norte quedó
eliminada, pero sus jugadores regresaron como héroes. Los “Chollimas”,
sobrenombre surgido por denominarse así un mítico pájaro asiático, se rodearon
de gloria.
Fuentes:

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