Ocurren cosas insólitas en todos los
ámbitos de la vida, y el fútbol es parte de ella, por ende, en nuestro
deporte también suelen producirse situaciones descabelladas.
Una de ellas es la que se relata a continuación:
Uno de los personajes más
notorios en casi todos los partidos de fútbol es el árbitro, no por ser
admirado sino por todo lo contrario, es habitual que el público -también
jugadores, dirigentes y entrenadores- recrimine y califique de modo
desagradable sus actuaciones. Pero hoy el relato da cuenta de una situación tan
extraña como increíble: la decisión del juez que se brindó un “autoservicio”.
Melvyn
Sylvester era el juez de un modesto partido de 1988 en territorio inglés, más
precisamente en el suburbio londinense de Charlton, entre los
equipos de Southampton Arms y el Hurstbourne Tarrant British Legion. Uno de los jugadores, Richard Curd, muy
disgustado con la actuación del árbitro, le dio a este un empujón por la
espalda. El juez no atinó a mostrar sus tarjetas sino que reaccionó con un
puñetazo directo al ojo del jugador y otros golpes más. “Me
provocaron constantemente, llegó un momento en el cual perdí la cabeza; primero
lo empujé y luego lo golpeé en reiteradas ocasiones. Le metí un puñetazo en la
cara. Me di cuenta que había actuado mal y me autoexpulsé”, manifestó Melvin
Sylvester prometiendo que no volvería a dirigir..
Tras esa conducta, recibió como
sanciones una inhabilitación por seis semanas y una multa de veinte libras. ¿Qué
dijo el juez frente a la sanción? “Estoy furioso. El comité disciplinario tiene unas
prioridades equivocadas. Ellos me condenaron por pegar, pero no tuvieron en
cuenta las circunstancias. Se pusieron del lado del jugador”. ¡Ah! El encuentro continuó
siendo dirigido por un aficionado que estaba en las gradas del estadio.
N. del R.: la imagen solo se incluye con carácter meramente ilustrativo, el juez de la fotografía no tiene vínculo alguno con el episodio aquí narrado.
Fuentes:

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