miércoles, 8 de febrero de 2023

“CAMBIARSE EN EL AUTO”


 * Por: Miguel Ángel Giordano (Escritoriador y Difusor Cultural)

Muchas veces, el día del partido, Don Ricardo Puga (que era el presidente de Atlas, el técnico, el aguatero y mil cosas más), tenía que ir a buscar a sus casas (y también a otros lugares) a algunos jugadores que se habían demorado mientras se acercaba la hora del encuentro.
Desesperado y, en una actitud que lo caracterizaba, Puga sacaba su saco hasta la mitad del cuerpo y se lo colocaba nuevamente, mientras puteaba y miraba su reloj.
Algunos jugadores iban por sus propios medios hasta la cancha, otros lo hacían en pequeños grupos utilizando los medios de transporte. Yo tuve la suerte de ir varias veces con él en su auto donde llegábamos a ser seis y hasta siete jugadores dentro del Plymouth 47. Si las circunstancias lo ameritaban también se utilizaba un micro fletado especialmente para trasladarnos.
Los autos y los caminos han cambiado y las distancias se han acortado. Ir hoy a la cancha de Ituzaingó es un chiste, con el acceso oeste a nuestra disposición, pero hacerlo en aquella época era toda una aventura. Si los pozos, los adoquinados, las pinchaduras y el combustible, el carburador, el radiador o la bocina lo permitían, llegábamos a destino. Debo aclarar que, a mí, personalmente, salvo una pinchadura, no me tocó vivir otro percance, pero sé que a otros jugadores les ha ocurrido de todo.
Con estos avatares, muchas veces hemos tenido que “vestirnos de jugadores dentro del auto y masajearnos como podíamos con el aceite verde”.
Aún tengo registrado en mi memoria olfativa, los olores dentro de ese auto legendario en donde se mezclaban el fuerte aroma del aceite verde con el de la nafta, los gases del auto y los nuestros propios, con los de los sobacos y el olor a pata. Puedo asegurar que el tufo era tan denso que cuando llegábamos al lugar, no sé si salíamos del Plymouth por nuestros medios o la baranda nos empujaba. De allí íbamos directo a la cancha en donde esperaba el juez y los adversarios dentro de los 15’ de tiempo de espera reglamentario.
Los que sufrían eran los compañeros nuestros que habían llegado antes y tenían que vestirse en pocos segundos porque los bolsos con la utilería los traía Puga en el auto.
Eso sí, nunca nos tocó perder los puntos por llegar tarde.
(En la foto, un auto parecido a este era el de Ricardo Puga)

M

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